Omitir vínculos de navegación¿Qué se entiende por empresario emprendedor? > La competitividad como factor determinante La competitividad como factor determinante Omitir vínculos de navegación.

No podemos obviar la idea que todas las personas tienen unas características personales que, si se desarrollan, pueden favorecer conductas emprendedoras. No obstante, aunque se nazca con las capacidades es imprescindible que el contexto social las potencie. Por eso, debemos desarrollar una cultura emprendedora y evitar que no se nos pierdan los talentos. Para eso es imprescindible superar una de las premisas de nuestra cultura: el no te arriesgues. ¿A quién no le han aconsejado alguna vez en su familia que lo mejor y más seguro es conseguir una plaza de funcionario? Sobre todo lo que se persigue es la seguridad a toda costa. Pero si queremos fomentar la cultura emprendedora entre los jóvenes, lo primero que tendremos que hacer es transmitirle la idea de que hay que superar el miedo al fracaso.

La sociedad actual no perdona fácilmente el fracaso y esto contribuye a ralentizar las características emprendedoras en lugar de reforzarlas. A la vista de ello, resulta necesario inculcar la cultura emprendedora y enseñar a que hay que asumir riesgos. El que pone un negocio qué duda cabe que debe sopesar diferentes factores, al mismo tiempo que recaba información y, por último, decide dar forma a su idea. A partir de ese momento decisivo, es cuando debe plantearse el completar un equipo y liderar su propia empresa.

Al mismo tiempo, hemos de admitir, sin embargo, que estamos en presencia de una sociedad tremendamente dinámica, lo que conlleva que el mercado cambie constantemente y a todos lo niveles, así que es necesario innovar con frecuencia. El aprendizaje, o emprendizaje, como algunos expertos le han dado en llamar, no termina una vez creada la empresa, ya que esta experiencia debe permanecer a todo lo largo y ancho de la vida de la actividad empresarial para, en definitiva, alcanzar paulatinas metas de competitividad. Por ello, existe, quizás, una percepción errónea acerca de las personas que han triunfado, y esto puede representar un freno para los jóvenes, que llegan a pensar que se trata de gente extraordinaria, que les incomoda y que les hace sentirse enormemente empequeñecidos. De esta manera, creen que jamás podrán llegar tan arriba y, en consecuencia, se echan para atrás, porque sobre todo se ha cometido el enorme error de crear mitos o ídolos con pies de barro.

No obstante, la realidad nos viene a demostrar que la mayor parte de los negocios que se crean se pueden calificar como de pequeñas y medianas empresas, y que todas ellas han comenzado su andadura lideradas por personas de lo más corriente que han luchado por una idea, que la han puesto en marcha y que tras muchos años de lucha ha funcionado.

Desde una actitud optimista, y sin abandonar la imagen de la responsabilidad, debemos transmitir la idea de que se puede alcanzar el sueño americano de ascender a lo más alto de las cumbres aunque sea partiendo, en la mayoría de los casos, desde los niveles sociales más bajos. No estaría de más que las personas se dieran el permiso de intentarlo, al menos una vez en la vida. Hay que dar una oportunidad a la creatividad sin perder de vista la influencia del contexto. No olvidemos, que lo que caracteriza al emprendedor, tal y como ya se ha dicho con anterioridad, es que persigue unos logros y que esas metas son alcanzables.

Por ello, y teniendo en cuenta que todos los comienzos pueden resultar arriesgados, no estaría de más que partiéramos de determinadas premisas o consejos en torno a la forma de cómo crear un negocio:

    1º. Hay que comenzar poco a poco: Es comprensible que iniciar un nuevo negocio o abandonar un empleo seguro y estable puede resultar realmente duro. Por ello, sería aconsejable una adaptación gradual en el tiempo para ir asimilando todo lo necesario para su puesta en funcionamiento.

    2º. Es preciso tener un proyecto de negocio: Hay que planear de manera muy concienzuda el negocio que pretendemos poner en marcha. La improvisación es una mala consejera. En suma, lo más eficaz sería elaborar a un buen plan de negocio.

    3º. Es necesario acudir a un asesoramiento profesional: Para que sirva de orientación en los comienzos y para que se solucionen muchos de los problemas burocráticos y de toda índole que el emprendedor se va a encontrar en su camino.

    4º. Hay que tener grandes dosis de confianza en uno mismo: Si no se tiene confianza en lo que se va crear no se pondrá rendir adecuadamente y el proyecto terminará fracasando. Los miedos y los errores deben jugar a favor del emprendedor.

    5º. Hay que mantener contactos con otros empresarios: Cambiar impresiones y experiencias con los que ya han iniciado negocios servirá para superar situaciones problemáticas para las que se carece de práctica. Para ello, sería muy conveniente, además, unirse y acudir a actos organizados por asociaciones empresariales.

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